Título: Los pájaros de Verhovina
Autor: Ádám Bodor
Editorial: Acantilado
Año de edición: 2019

Descripción: La interrupción de la obras de la línea ferroviaria años atrás dejó a los habitantes de Jablonska Poliana, un pueblo situado al pie de los Cárpatos ucranianos, aislados del resto del mundo: hasta los pájaros levantaron el vuelo un buen día y no regresaron. Suspendidos en el tiempo, los vecinos de la región de Verhovina viven abocados a la autarquía, entregados a unos pocos consuelos como los lángos de crema agria o el vino de moras, no anhelan nada, sus vidas están vacías, sus aspiraciones no pasan de la más estricta supervivencia, y placeres como la amistad les son desconocidos. El hastío, la resignación y el delirio crecen en sus corazones, alimentando el resentimiento y el recelo entre ellos. Tan incisiva y turbadora como jocosa, esta novela es un lúcido retrato del absurdo y la irracionalidad inherentes a cualquier régimen totalitario.

Puntuación: 

Reseña: Esta vez acabo de terminar una novela de Ádám Bodor, autor que aún no conocía, y he de decir que su forma de contar la historia que nos plantea me ha hecho recordar a los mundos surrealistas propios de Kafka. Hace poco leí La colonia penitenciaria, también de la editorial Acantilado, y me ha recordado bastante a la prosa kafkiana, viviendo lugares inquietantes con unos personajes que esperan la lenta autodestrucción de un sistema cansado, apenas vegetativo que no deja indiferente.

El autor nos sitúa en Jablonska Poliana, un pueblo perdido en la región de Verhovina, y nos lo describe como un microcosmos inhóspito, lugar que incluso las aves han abandonado tras ser rechazadas por el hombre, y tras ello, han renunciado volver a anidar en dicha zona.

A través de una serie de historias contada principalmente por uno de los habitantes y escrito en un orden temporal no lineal, conocemos el pueblo y a los pocos vecinos que conviven.

Cada capítulo es titulado con el nombre de cada uno de los extraños personajes que vamos conociendo a lo largo de la obra. Son tan pocos los habitantes de este extraño poblado, que hasta se controla quién entra en la zona, y para unos pocos que son bienvenidos, viven vigilados.

Ádám Bodor usa metafóricamente los pájaros que abandonaron el pueblo, tal como da título al libro, al que llegan en contadas ocasiones, jóvenes procedentes de un reformatorio a los que se le da una segunda oportunidad, aunque es bastante oscura la principal función que desempeñan y según nos describen, suelen también “volar” sin retorno, lejos del poblado tras un tiempo.

Todos los personajes tienen alguna característica especial en la obra, tal como Anatol Korkodus, brigadier responsable de todo y que supervisa las aguas termales con mal olor a azufre que hay en el poblado o tal como la pareja que tienen retenida en su propia casa acusada de matar a dos niños. Todos los personajes que vamos conociendo realizan acciones inusuales, repetitivas, bordeando lo surrealista y todo ello en un ambiente sombrío y triste, llevando una vida sin sentido, habiendo poco espacio para la esperanza.

En resumen, se trata de una lectura interesante, totalmente diferente, con unos personajes extraños, dibujados por los límites de la locura y un futuro inexistente en el que solo esperan el paso del tiempo.